El jueves y el viernes de la semana pasada fueron días estándar, días de libro, flojos de trabajo y sin nada especial para contar.
Hasta que el viernes por la noche, mientras estaba rectificando algunas recetas en la libreta, entraron dos chavales jóvenes, como de unos 20 años, que venían muy arreglados.
Venían a cenar.
Cuando terminaron, pasaron a felicitarme por un premio que me habían dado hacía tiempo. Lo sabían porque los primos de él habían estado en la entrega, y de ahí me conocían.
Por eso había decidido celebrar su primer sueldo con su novia en mi restaurante.
Me hizo muchísima ilusión. Y me recordó cuando pasaba por delante de la puerta de restaurantes donde entonces no podía permitirme comer, cuando me hacía fotos frente al Bodegón Alejandro en San Sebastián.
Me pareció muy emocionante.
El sábado estuvimos adecentando la terraza, pintando las sillas, y las mesas. Y al cabo de una hora nos cayó el diluvio universal. Terminaremos este fin de semana si el tiempo lo permite, y en 15 días estrenaremos temporada de verano aquí.
Fue un sábado de bastante faena. Estuvimos muy contentos.
Y el domingo... el domingo fue una locura. Puro domingo. Domingo con mayúsculas. 56 personas. Barullo. Aunque como llovió, la gente no se quedó en la terraza, pasó rápido y el servicio se dio bastante bien.
Por la noche tenía ganas de tomarme un Miquel Gelabert, un productor mallorquín de esos utópicos y bohemios, especializado en recuperar uvas autóctonas.
... y me tomé un Gran Vinya Son Gaules del 2001. Un vino peculiar, con una uva muy afrutada por el sol, por el clima de la isla.
Quedamos contentos con el vino, nos vimos una peli y a dormir, que el lunes iba a ser un día duro.
Porque el lunes fuimos a la entrega de los Premios Yantar en el Balneario de Salinas, que este año fueron para Hilario Arbelaitz - le di recuerdos de Ibón - , Pedro Morán y para Jorge Garcimartín.
Ahí estaban también Santi Santamaría y Xavi Gutiérrez.
Compartimos mesa y buena gastronomía con José Antonio Campoviejo y con Pedro Martino. Un placer.
Y saludé a Angeles, la madre de Pedro Morán, una señora que ha aguantado de una generación a otra y ha hecho un trabajo importantísimo. Le pregunté si se acordaba de mí, de cuando fui a su casa a aprender y me echaba la bronca porque lo manchaba todo muchísimo. Se reía cuando se lo conté. Pero no se acordaba...
Hoy hemos tenido un buen servicio a la mañana, y aunque no habían reservado muchas mesas, al final se ha animado y hemos dado de comer a 26, a media asta. Bien.
Ahora me marcho a dar una charla y a preparar los platos con Cocacola.
Voy a hacer una versión del Drácula de Frigo - con un bizcocho, crema de vainilla, pectina de fresa y espuma de fresas. Todo con un sorbete de Cocacola y unos petazetas de Cocacola.
Si el postre mola, lo calzo en la carta esta misma semana.
Vamos a preparar también unas sardinas marinadas que ha hecho P., con salmorejo y un gel de Aquarius con burbujas.
Yo creo que puede salir bien.
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